
Como todos los días, el asesino a sueldo se levanta puntualmente a las 6.01 AM. Se pone las pantuflas de osito y se dirige al baño, pues el aseo personal es importantísimo. Se arregla el cabello, se empareja las patillas, el bigote y la barba.













Los poetas nos han deleitado cantando al más maravilloso de los sentimientos desde todos los ángulos y con infinitos matices, pero los químicos también tenemos cosas que decir al respecto, quizás menos seductoras pero no por ello menos importantes.
La química del amor es una expresión acertada. En la cascada de reacciones emocionales hay electricidad (descargas neuronales) y hay química (hormonas y otras sustancias que participan). Ellas son las que hacen que una pasión amorosa descontrole nuestra vida y ellas son las que explican buena parte de los signos del enamoramiento.
Cuando encontramos a la persona deseada se dispara la señal de alarma, nuestro organismo entra entonces en ebullición. A través del sistema nervioso el hipotálamo envía mensajes a las diferentes glándulas del cuerpo ordenando a las glándulas suprarrenales que aumenten inmediatamente la producción de adrenalina y noradrenalina (neurotransmisores que comunican entre sí a las células nerviosas).
Sus efectos se hacen notar al instante:
Los síntomas del enamoramiento que muchas personas hemos percibido alguna vez, si hemos sido afortunados, son el resultado de complejas reacciones químicas del organismo que nos hacen a todos sentir aproximadamente lo mismo, aunque a nuestro amor lo sintamos como único en el mundo.
No hay duda: el amor es una enfermedad. Tiene su propio rosario de pensamientos obsesivos y su propio ámbito de acción. Si en la cirrosis es el hígado, los padecimientos y goces del amor se esconden, irónicamente, en esa ingente telaraña de nudos y filamentos que llamamos sistema nervioso autónomo. En ese sistema, todo es impulso y oleaje químico. Aquí se asientan el miedo, el orgullo, los celos, el ardor y, por supuesto, el enamoramiento. A través de nervios microscópicos, los impulsos se transmiten a todos los capilares, folículos pilosos y glándulas sudoríparas del cuerpo. El suave músculo intestinal, las glándulas lacrimales, la vejiga y los genitales, el organismo entero está sometido al bombardeo que parte de este arco vibrante de nudos y cuerdas. Las órdenes se suceden a velocidades de vértigo: ¡constricción!, ¡dilatación!, ¡secreción!, ¡erección! Todo es urgente, efervescente, impelente... Aquí no manda el intelecto ni la fuerza de voluntad. Es el reino del siento-luego-existo, de la carne, las atracciones y repulsiones primarias... el territorio donde la razón es una intrusa.
El verdadero enamoramiento parece ser que sobreviene cuando se produce en el cerebro la FENILETILAMINA, compuesto orgánico de la familia de las anfetaminas. Al inundarse el cerebro de esta sustancia, éste responde mediante la secreción de dopamina (neurotransmisor responsable de los mecanismos de refuerzo del cerebro, es decir, de la capacidad de desear algo y de repetir un comportamiento que proporciona placer), norepinefrina y oxiticina (además de estimular las contracciones uterinas para el parto y hacer brotar la leche, parece ser además un mensajero químico del deseo sexual), y comienza el trabajo de los neurotransmisores que dan lugar a los arrebatos sentimentales, en síntesis: se está enamorado. Estos compuestos combinados hacen que los enamorados puedan permanecer horas haciendo el amor y noches enteras conversando, sin sensación alguna de cansancio o sueño.
El affair de la feniletilamina con el amor se inició con la teoría propuesta por los médicos Donald F. Klein y Michael Lebowitz del Instituto Psiquiátrico de Nueva York, que sugirieron que el cerebro de una persona enamorada contenía grandes cantidades de feniletilamina y que sería la responsable de las sensaciones y modificaciones fisiológicas que experimentamos cuando estamos enamorados.
Sospecharon de su existencia mientras realizaban un estudio con pacientes aquejados "de mal de amor", una depresión psíquica causada por una desilusión amorosa. Les llamó la atención la compulsiva tendencia de estas personas a devorar grandes cantidades de chocolate, un alimento especialmente rico en feniletilamina por lo que dedujeron que su adicción debía ser una especie de automedicación para combatir el síndrome de abstinencia causado por la falta de esa sustancia. Según su hipótesis el, por ellos llamado, centro de placer del cerebro comienza a producir feniletilamina a gran escala y así es como perdemos la cabeza, vemos el mundo de color de rosa y nos sentimos flotando.
Su actividad perdura de 2 a 3 años, incluso a veces más, pero al final la atracción bioquímica decae. La fase de atracción no dura para siempre. La pareja, entonces, se encuentra ante una dicotomía: separarse o habituarse a manifestaciones más tibias de amor -compañerismo, afecto y tolerancia.
Con el tiempo el organismo se va haciendo resistente a los efectos de estas sustancias y toda la locura de la pasión se desvanece gradualmente, la fase de atracción no dura para siempre y comienza entonces una segunda fase que podemos denominar de pertenencia dando paso a un amor más sosegado. Se trata de un sentimiento de seguridad, comodidad y paz. Dicho estado está asociado a otra DUCHA QUÍMICA. En este caso son las endorfinas -compuestos químicos naturales de estructura similar a la de la morfina y otros opiáceos- los que confieren la sensación común de seguridad comenzando una nueva etapa, la del apego. Por ello se sufre tanto al perder al ser querido, dejamos de recibir la dosis diaria de narcóticos.
Para conservar la pareja es necesario buscar mecanismos socioculturales (grata convivencia, costumbre, intereses mutuos, etc.), hemos de luchar por que el proceso deje de ser solo químico. Si no se han establecido ligazones de intereses comunes y empatía, la pareja, tras la bajada de FEA, se sentirá cada vez menos enamorada y por ahí llegará la insatisfacción, la frustración, separación e incluso el odio.
Parece que tienen mayor poder estimulante los sentimientos y las emociones que las simples substancias por sí mismas, aquellos sí que pueden activar la alquimia y no al sentido contrario.
Un estudio alemán ha analizado las consecuencias del beso matutino, ése que se dan los cónyuges al despedirse cuando se van a trabajar. Los hombres que besan a sus esposas por la mañana pierden menos días de trabajo por enfermedad, tienen menos accidentes de tráfico, ganan de un 20% a un 30% más y viven unos ¡cinco años más! Para Arthur Sazbo, uno de los científicos autores del estudio, la explicación es sencilla: "Los que salen de casa dando un beso empiezan el día con una actitud más positiva".
Es cierto, no podemos negarlo, es un hecho científico que existe una química interna que se relaciona con nuestras emociones y sentimientos, con nuestro comportamiento, ya que hasta el más sublime está conectado a la producción de alguna hormona.
No hay una causa y un efecto en la conducta sexual, sino eventos físicos, químicos, psíquicos, afectivos y comunicacionales que se conectan de algún modo, que interactúan y se afectan unos a otros.
Existe, sí, una alquimia sexual, pero se relaciona íntimamente con los significados que le damos a los estímulos, y éstos con el poder que les ha concedido una cultura que, a su vez, serán interpretados por cada uno que los vive de acuerdo con sus recursos personales y su historia. Esperemos que estos estudios en un futuro nos conduzcan a descubrir aplicaciones farmacológicas para aliviar las penas de amor.
PD: Nunca le digan a su pareja, luego de... de "eso"... que han tenido una sensación sumamente agradable producto del aumento de testosterona y la disminución consiguiente de serotonina...





Por casualidad nací en la noche, a la mitad del invierno. Por casualidad mi padre es Marco y mi madre Viviana. Por casualidad se separaron cuando yo tenía 5 meses. Por casualidad mi vieja, mucho tiempo despues, conoció a un compadre. Por casualidad tuve que tomar una decisión fuerte a los 10 años de vida. Por casualidad desarrollé un intelecto superior a mis compañeros de la básica (digamos la verdad, he visto piedras con más sentido común que esa masa de termocéfalos). Por casualidad estudie en un buen colegio, luego de salir de esa mugre de colegio municipal. Por casualidad (según tu, padre mio) entré a estudiar a la Universidad. Por casualidad me repugna mi vieja. Por casualidad leo sobre Freud. Por casualidad descubro que Freud tenía razón, sin importar los falopensando que era este señor. Por casualidad... no, esto no es por casualidad, esto es por miedo, por eso no va acá.
- Soy cultor del Nü Metal, pero estimo igualmente los otros derivados del Metal, el Jazz y Queen.
Dicen que la mente tiene un mecanismo de defensa, que suprime lo malo y atesora de buena manera los gratos momentos. Con el pasar de los años uno ve que esa teoría es un asco, pues todo lo que recuerdas, todo lo que sale a flote, todo lo que te mueve es algun acto doloroso, humillante, triste o cualquiera de esa índole. Pasa "el hecho"y a pesar de que el tiempo a avanzado los recuerdos siguen presentes. La foto, la actitud, todo eso está presente dís y noche en mi cabeza. No así, por ejemplo, aquella vez que los 4 estábamos en el balcón mirando las estrellas. No recuerdo siempre la vez del pimer beso. Pero en cambio recuerdo las advertencias, recuerdo esas jugadas chuecas, tanto tuyas como mias, ese "gallito", esa pugna constante de ver la dominancia de uno sobre el otro que, por lo demás, sigue hasta hoy.
En este último tiempo han pasado varias cosas (de las cuales no escribiré, por razones de respeto hacia las personas afectadas). Nuevamente afloran esos pretéritos pensamientos, alejados de mi cabeza hace años. Nuevamente comienzo a sentir que vuelvo a ser lo que antes fui. Y, lamentablemente, no me di cuenta de cuando pasó.
Camino hacia la U. Voy pensando en los futuros tatuajes de mis brazos. Eros en el brazo derecho y Tanathos en el izquierdo. Eros y Tanathos. El amor y el odio. El bien y el mal. Y llegué a la conclusión de que, de alguna forma estamos ligados al "ello", como postula el falopensante Sigismund Schlomo Freud.
¿Por qué buscamos respuestas, contamos lo que llevamos dentro, aprendemos a aprender y le buscamos sentido a la vida? ¿Por qué tenemos esa necesidad de transmitir, ya sea escribiendo, soñando con dar clases sobre lo realmente importante en la vida, o participando en terapias que ayudan al caído? ¿Por qué contamos y leemos en internet para encontrarnos con más gente que busca?
Día nublado. Joven de veinte y tantos horizontal en la cama, mirando el techo. En la calle, un señor de edad con un sobretodo y sombrero negro. El abuelo entra a su casa. El veinteañero sigue mirando el techo, triste. El abuelo se saca el sombrero y pone los ojos blancos. Se saca el abrigo y le dice a su mujer "Viejita, ¿Dónde está el Negro?". La señora le dice que está en su pieza. El veinteañero sigue mirando el techo, perdiendo el tiempo. El abuelo se afirma del sillón, imaginando cuerdas, y toma vuelo hacia la pieza del joven. El joven siente pasos pero, envuelto en su pena, no le da importacia. El abuelo aparece en la puerta del dormitorio del joven. El abuelo salta, tratando de caer sobre el joven. El joven ve lo que hace el abuelo, pero es demasiado tarde. El abuelo cae sobre el joven. Éste último queda sin aliento. El abuelo se para, lo toma del cuello con una mano. lo levanta y lo tumba en el suelo. Posterior a la maniobra el abuelo se coloca en forma perpendicular al joven y le toma las piernas. "Uno, dos, tres" dice el abuelo. Ha ganado el título mundial de Lucha Libre Casera y, de pasada, la risa de su nieto. Ambos se incorporan, se abrazan, se dan un beso en la mejilla y se disponen a otro encuentro. Esta vez el abuelo será Mankind y el joven será Triple HHH.
Y ahora no me despierta nadie: pongo el despertador del celular y el de la radio del iPod. Ya no tengo esas ganas de comer desesperadas de antes. Ya no uso guantes. Hay días en que me da la cosa y no me baño (claro, esos días los paso en mi casa). Perdí la capacidad de juntar dinero. No tengo ganas de estudiar. No siento lo mismo al escuchar "Gisele" de Afterfeedback. No me dan ganas de bajar discos nuevos. No me dan ganas de ir a comprarme música nueva. No tengo ganas de cambiarle la música al iPod. Soy más tolerante todavía. Cada día tengo más desordenada mi pieza. Cada día...
Siempre los días domingos me mandan a ordenar la pieza. Les digo que para qué, si total el universo tiende al caos. No, no entienden estos simplones. Y me obligan. Y lo hago, de mala gana, pues la entropía se abre paso, a pesar de los obstáculos. Y lo que pasa en la semana es la prueba de ello: papeles en el suelo, el bajo sobre el sillón, el estuche del bajo sobre mi cama, bajo mi cama todas mis zapatillas, 5 chaquetas en el suelo, una pizarra llena de información (y planos para una spud gun). Lo siento, a la entropía no se le vence, ni siquiera a cero absoluto.
Soy el esqueleto que está al acecho en tu armario. Soy el goteo que nunca deja tu grifo. Soy el chacal que se alimenta de tu basura. Soy el espantapájaros que cuida la cosecha de mi gente. Soy el zorro protegiendo a su familia. Soy el lobo en las sombras que nunca ves. Soy el hoyo en tu paraguas que te muestra la lluvia. Soy el gato que en un momento juega y al otro te ataca. Soy tus sueños frustrados. Soy la venganza hecha materia. Soy el pito en la oreja de varias personas.
El hombre se encuentra en el centro del vagón, afirmado en el fierro. Recordó que la prioridad de su mujer eran su hijo y su amante. Que la prioridad de su familia era tener más dinero. Que es el tercero en la lista de espera para poder obtener ese crédito con el cual se podía operar. Recordó que nunca ha sido el primero en algo. Nuca fue primero ni para sus amigos ni para nadie. Y al darse cuenta de eso una lágrima recorrió su mejilla. Metió su mano fría en la chaqueta y sacó a una dama de apellido italiano. Puso su boca sobre la de la señorita. La pasión del ósculo tiró al hombre al suelo.
Son las 6.00 AM. Suena la alarma de la radio. Despierto con Amatory. "Dame 10 minutos más, iPod" digo, medio dormido todavía. 10 minutos despues suena un tema de Lamb Of God. Me levanto. Con los ojos entreabiertos busco la ropa que me pondré. Para mi sorpresa, solo ropa negra en el closet (¿por qué será?). Tomo la toalla y parto al baño. Me empeloto (no creo que me bañe con pijama) y me meto a la ducha. Regulo el agua. Ojalá fría, para despertar. Salgo de la ducha y me siento, con la toalla encima del cuerpo. Luego de secarme por la acción del género "chupa-agua", me visto. Me lavo los dientes. Parto a mi pieza a terminar de vestirme. Me quedo un ratopega'o, escuchando jazz. Apago la radio y parto a tomar desayuno: tostadas recien hechas y leche, cortesía de mi abuela (muchos defectos tienes, Raquel, pero puta que cocinas rico). Parto al baño (este hábito lo engo desde que nací: acostumbré a mi organismo a que despues del desayuno debo "evacuar") y me informo del acontecer nacional. Salgo del cuarto de aguas y me dirijo a la pieza. Pesco el iPod, le pongo la carcaza y me lo chanto al bolsillo. Audífonos a las orejas. Pesco alguna chaqueta que tenga a mano y me la pongo. Me chanto la mochila en la espalda. Salgo. En el camino me pasan la plata pa'l día. Abro la puerta y camino, camino, camino... y llego al Metro (estos son 15 minutos). Bajo y me coloco donde me he colocado desde que conocí a cierta persona. espero algún tren medio vacío. Me voy. Estación Baquedano, lugar de combinación con Linea 1. Esa frase es lo único que logra entrar a mis oidos, protegidos con buen Metal de asqueroso reggeton y las cebollentas canciones de los artistas románticos. Linea 1, dirección San Pablo. Estación Central. Salgo y llego a la USACH, la universidad que me aguanta. Camino hasta mi facultad y me encuevo en ella hasta que tenga clases. Clases. Clases. Juguito donde "El Naturista" con mi amiga Claudia. Le compro una trufa a la Negra, porque se que las ama. Clases. Almuerzo. Me voy con la An a comprar algo o, simplemente, me como mi naranja. Clases. Laboratorios. Fin de clases y laboratorios. Nuevas tareas para hacer en la casa. Voy a dejar a la Andrea a su casa. Me voy a la mia. Baquedano, lugar de Combinación con Linea 5. Llego a mi estación de destino. Camino. Me detengo en el "Punto y Coma". Ya saben lo que pido. Como y parto pa' mi casa. Llego y tomo once: té y algun resto de comida. Me meto a mi PC. Un montón de cosas por hacer. son las 1 de la madrugada y trato de seguir en pie. Mejor me acuesto. Apago todo y dejo programado la radio para que toque jazz por una hora. Me duermo.
Recuerdo ese día CASI completamente. Creo que ahí comenzó todo. Creo que ahí se empieza a desmoronar mi mundo. Pero no por culpa de alguien, sino por todas las cosas que he llevado en esta "mochila" por 22 años. Siempre viví apoyado en mi mismo como único ser de confianza. Por un lado eso me hizo más fuerte que el resto. Por otra lado, me hizo antisocial y un poco indolente. Creo que, dentro de los cánones impuestos por el mundo, no pego ni junto en ningun la'o, salvo con algunas personas que, por casualidad, son amigos.
A veces, como "pa' relajar la vena", me gustaría contarle mis cosas a alguien, pero, con cue'a, tengo tiempo de ir a algun lado. Creo que he contado el 60% de mi vida, pero el problema es que he contado pequeñas porciones a distintas personas.