Lo que pasa con el amor.

| sábado, 20 de noviembre de 2010 | 1 comentarios |
Podría darle un sinfín de adjetivos a tu petición, desde chistosa, infantil, ególatra y hasta, cierto punto, tierna.

No soy muy bueno escribiendo de lo bueno, porque, generalmente, soy un amargado antitodo que le busca hasta la doceava pata al gato con tal de mantener mi acibarado modo de pensar. No soy bueno escribiendo de la felicidad porque encuentro que, estando en mis lapsus tristes y oscuros, veo e interpreto mejor el mundo.

¿Qué le pasó a mis entradas diarias al blog? Murieron porque no tengo rabia. Y toda la culpa es tuya, que me tienes feliz desde hace ya 2 años y algo (sí, señor lector, más de 2 años... saque cuentas y tráteme de poco hombre).

Me he convertido en un ser feliz, que se contenta con estar al lado tuyo y cerrar los ojos. Me he convertido en un ser sensitivo, que anda descalzo en el pasto (y se sorprende de los estímulos). Creo, incluso, que hasta me he vuelto más social (nota aparte: en estos momentos uno de mis gatos lame vigorosamente mis mejillas; vaya manía). Entonces ¿Por qué no escribo sobre ti? Porque no tengo esa nube negra que movía mis dedos y hacía funcionar mi cerebro. ¿Por qué? Por el mismo motivo que te repito día a día: te amo.

PD: en todo este rato, Dez, mi gato, no ha paro de saltarme encima y empezar a lamerme y morderme los dedos.

Maldita primavera

| martes, 26 de octubre de 2010 | 0 comentarios |
Nunca en mi vida he podido disfrutar esta época del año como sale en las películas, corriendo por praderas llenas de flores con la mano de mi enamorada. Nunca he podido echarme en el pasto de una plaza sin que me llene de ronchas. El colmo de todo esto que es mi hipersensibilidad histamínica me tiene en cama en este preciso momento, con fiebre y los mocos hasta la rodilla, sin poder ayudar de forma competente a mis compañeros.

Sí, cada día deseo ser como el común de la gente, pero igual tiene ventajas ser "edición limitada"

El nombre influye

| jueves, 23 de septiembre de 2010 | 0 comentarios |

Usa lentes, tiene cara de tonta, habla imbecilidades hasta por los codos y le gusta el animé. Su nombre es Eugenia.

Padres, piensen bien el nombre de sus hijos.

200 años.

| lunes, 20 de septiembre de 2010 | 1 comentarios |

Y el español me preguntó cómo estaba pasando el bicentenario. Le respondí que como se debía: firmando un contrato de mierda que me amarra a trabajar por una mísera cantidad de dinero para hispanos ubicados en Chile.

¿Bicentenario? Las pelotas.

Ortodoncia pendiente.

| viernes, 20 de agosto de 2010 | 0 comentarios |
Corría, rauda y veloz, al local de comida rápida para buscar nuggets y alimentar a sus 8 hijos, de nombres ingleses adaptados al español y 5 apellidos distintos, donde sólo coincide el materno. Ya con el contenido en una bolsa de colores y cuya desintegración tardará 200 años, la señora de nimios y escasos dientes corre, mientras su voluptuoso cuerpo se mueve en una coreografía grotesca. Llega a su casa, construida de pedazos de madera, latas y cubiertas poliméricas de poliamidas. Pasa a un salón donde hay una especie de lavatorio, donde enjuaga sus gruesos apéndices. Luego se sienta a la mesa -digna improvisación de una antigua puerta- y llama a sus pequeños, mientras enciende su LCD de 53' y el decodificador de la televisión satelital.

El último cómputo arroja como vencedor al candidato de los empresarios. La señora, de un Ecuador tan amplio que perfectamente podría generar su propio campo gravitatorio, sonrío de júbilo. Esa mueca en su cara se muestra adefésica, con dientes minúsculos y negros (claro, cuando los hay). Toma su cartera, se pinta los labios, toma la 210 y va a Plaza Italia a festejar por "el cambio y la igualdad" junto a otras señoras de dientes picados y aspiracionismo a flor de piel que serán vistas por sobre el hombro por aquellas mujeres de esbelta figura y dorados cabellos, con apellidos vinosos.

La señora llega a su destino, comienza a saltar y abraza a una joven. Ésta la empuja, le pasa su billetera y sale corriendo. Cuenta el dinero y se proyecta con la contratación de un nuevo decodificador para su choza. Y sus 8 hijos, de nombres ingleses adaptados al español y de distintos apellidos, en casa, jugando con el bracero que su madre dejó prendido.

SSDD

| lunes, 16 de agosto de 2010 | 0 comentarios |
Antes me gustaba disfrutar el día, sentirlo a concho. Hoy por hoy sólo espero que, apenas abra los ojos, el día termine. Hace tiempo que no me levantaba así, con ganas de mandar todo a la mierda, con ganas de quedarme en la cama, mirando el techo, cual depresivo. Yo creo que el dolor de cabeza me tiene así, así que iré a automedicarme.

Mi amigo Eduardo y yo.

| sábado, 14 de agosto de 2010 | 0 comentarios |
En la entrevista lo noté raro, en el sentido de que algo no encajaba en él. Cuando habló la idea se aclaró. No cruzábamos muchas palabras, más que nada porque, realmente, me daba miedo que se sintiera mal por mi trato, acostumbrado a esas palabras.

Fue en una reunión del grupo, donde el Pancho tocó el tema para aclarar el asunto sobre el ambiente en el lugar de trabajo. Y le preguntó a secas, como un disparo directo a la frente, como un golpe de martillo en la nuca. Si la pregunta fue impactante la respuesta lo fue aún más. Lo dijo, sin doblegar su voz, sin mostrar ningún sentimiento adverso. Yo, personalmente, quedé de una pieza.

Eduardo, el Edú, es gay. Sí, gay. Y es mi amigo. Yo una vez, en pretéritos tiempos, tuve un amigo maricón -y podría ponerle mil adjetivos más, pero no viene al caso- pero no un amigo gay. El Edú es gay, pero no maricón.

Comenzamos a hablar y a entablar esta relación de amistad en el comedor. Se desplazó a los cubículos, donde hablábamos de música (tiene su pasado nümetalero), de películas y, para variar, contamos chistes. Nos molestamos mutuamente. Nos reímos de las leseras que dibujamos, si está muy lejos y nadie está viendo le tiro un papel mojado. El se venga y me tira un papel lleno del alfileres.

Hoy me dijo que le caía bien, que era con el que mejor se lleva. Mínimo, si le grabo las películas, jajajajaja.