Máscaras y aburrimiento.

| viernes, 4 de marzo de 2011 | 0 comentarios |

Setenta rotaciones.

| sábado, 26 de febrero de 2011 | 1 comentarios |
La amargura es congénita, así de simple. Hoy vi a mi padre, rabiando y gritando por imbecilidades, de las cuales ni siquiera le habría dado importancia hace 25 años. Cada día que pasa se acerca más y más a la actitud de su padre -obviando, claro está, la coprolalia a flor de piel de mi abuelo-, lo que me da para pensar. Yo mismo me he dado cuenta que poco a poco me he ido convirtiendo en lo que simplemente se puede definir como "viejo culiado"; huraño, medio gritón y sedentario. No quiero llegar a ser como mi padre, que hace años admiraba y sólo queda de él la triste visión de un racista, homofóbico, incapaz de autocriticarse e irresponsable entidad molecular. Mi abuelo es lo mismo, con el plus de que aparte de todo lo nombrado anteriormente, cada cinco o seis palabras incluye las palabras o frases "pico", "pichula", "venga el burro", "¿y a dónde?" y una sarta de sinsentidos.

Que fácil es la vida para algunos seres: unos viven felices y despreocupados mientras los abuelos de sus parejas ayudan económicamente a sus hijos y otros se aíslan de la realidad, la amoldan y la acomodan para que se centre en ellos. Los demás, nosotros, el resto, vive con el peso de tener que aguantar -de forma ineludible- esta masa amorfa.

Hoy cumpliste setenta años. Lastimeramente y como siempre, desde que te conocí, pedías como deseo morir, morir mañana mismo. Quise hacerte el favor y acuchillar tu cuello, pero mis ganas de evolucionar y dejar esa marca genética como recesiva hicieron que soltara el cuchillo, tomara el pastel de chocolate y caminara hacia la puerta de la casa. Y los vi criticándose mutuamente bajo el agua mientras yo llegaba a la orilla y tomaba una bocanada de aire, con mis nuevos órganos respiratorios.

Degradación exponencial.

| viernes, 24 de diciembre de 2010 | 3 comentarios |
No recuerdo cuándo fue la última navidad que esperé con ansias. Creo que fue el 2005, cuando mi vieja, esforzándose como siempre, me regaló la chopper (una de las diez bicicletas que habían en ese momento en Chile). Luego de eso es, no sé, una sensación similar a la de un día lunes: nada.

¿Cómo llegué a este estado? Me carga asumir que es la edad. Me carga admitir que no mandé a la mierda la camisa y la corbata que me regalaron, porque, para variar, estoy en la edad de recibir ese tipo de regalos. Lo peor es que el desánimo se extiende más allá de la navidad e incluye cumpleaños y otras fiestas donde todos deberían ser felices. La llegada del verano o d elas vacacione sno es como antes, con esa sensación de liberación. Finjo que soy feliz, esbozo una sonrisa, unos cuantos jajás y listo, pasó piola, pero en el fondo me importa un reverendo pico todo lo que pase. A veces tomo de aburrido, para no matar el ambiente, pero ni ganas de alcoholizarme tengo. ¿Será esto una crisis? Puede ser, puede que no asuma mi condición actual, puede ser el miedo a verme como una familia distinta, aparte, un día domingo, con sandalias, un short sobre las rodillas (y bien puestos) y una polera manga corta con cuello, regando el pasto. Siento que tengo 24 años y la vida se me va, porque no hago nada más interesante que estar echado frente al PC, porque todas mis amistades andan con sus parejas de un lado a otro y no tienen tiempo para, simplemente, caminar y vagar por la calle, sin rumbo, hasta el otro día, como antaño. Poco a poco dejo de emocionarme, dejo de sentir y me vuelvo un ser sin adrenalina en el torrente sanguíneo. Nada me llena, nada. Me lleno de responsabilidades, algunas que me corresponden y otras no, pero me lleno al fin y al cabo.

Hoy lo admito: no le veo sentido a mi vida, pues las emociones se fueron; quedaron en San Sebastian, en la plaza, en años pasados.

Manuel García - El viejo comunista

| | 0 comentarios |


Un viejo que fuera comunista se sienta a fumar la
tarde entera mientras buena lluvia cae afuera con
voz desnuda, el viejo piensa porque coinciden en su
ventana palomas grises con la pena que fumara
palomas grises con la pena que fumara

Tornan sus ojos a un dia lejos cuando a un libro
un verso, a una muchacha, un pensamiento cuando a
un libro un verso, a una muchacha, un pensamiento
cree que ya nada lo sorprende que se curó
de espanto, desgastó el llanto se
curó de espanto, desgastó el llanto

Recordó canciones que cantaba y
conversaciones con amigos hasta el alba y
conversaciones con amigos hasta el alba
recordó la esquina de su casa cuando dijo
adiós y vio a su madre que lloraba cuando
dijo adiós y vio a su madre que lloraba
y ahora en sus ojos también llueve, pues le
sorprende que aún le duele,
los años, la vida, su amor
los años, la vida, su amor.

ohh ohh aun le duele ohh ohh aun le duele ohh
ohh aun le duele ohh ohh aun le duele

Necesidades básicas ("ya, poh, tiremos").

| domingo, 28 de noviembre de 2010 | 0 comentarios |

Acostado sobre una alfombra, con los brazos en la nuca, el tipo, de unos 30 años, movía la cabeza al son de una melodía. En el sillón, con las piernas cruzadas y las manos a los costados, una tipa de edad similar mira el vaivén de la cabeza del hombre.

- Amor -dijo la mujer, con voz sensual- ¿tiremos?
- Pero Amor -constestole el tipo, incorporándose- estoy cansado. El mes pasado tiramos todos los días a toda hora.
- Pero amor, tirar es fundamental en nuestra relación. Recuerda esa vez que no tiramos en toda una semana -la mujer se lleva las manos a la cara- cómo estaba yo de odiosa.
- Pero Amor, no puedes ser tan dependiente del tirar. Sí, obvio, tirar es rico, pero hoy -ya con un poco más de aspereza en su voz- no tengo ganas, simple; llegué de la pega y quiero sólo escuchar jazz.
- Ay, amor, que andas fome ahora. Antes salíamos y ¡PUM!, tirábamos, pero ahora con tu trabajo nuevo cuesta. Ay, pero el mes pasado -modiéndose el labo- fue lo mejor.
- Mira, mira... llego de la pega y lo único que quiero es descansar. Además ya no estamos en edad de tirar muy seguido.
- ¡¿QUÉ?! -dijo la mujer, saltando del sillón, con los ojos extremadamente abiertos- estamos en la edad de la plenitud, Amor. Anda, ya, ya, vamos y tiremos.
- Convénceme -el tipo tipo ya había mordido el anzuelo.

La mujer, ya puesta de pie, va donde el hombre, abre las piernas y se sienta sobre él. Acto seguido le da un beso en la boca. El tipo la toma de la cintura. Luego de eso se paran, van a la pieza, se visten de negro, toman las llaves del auto y parten a una plaza. Ahí toman a un tipo, lo amarran, le ponen cinta adhesiva en la boca y lo echan en el portamaletas. Llegan a un lago, le amarran unos pesos y, por fin, tiran... al tipo al agua.

Lo que pasa con el amor.

| sábado, 20 de noviembre de 2010 | 1 comentarios |
Podría darle un sinfín de adjetivos a tu petición, desde chistosa, infantil, ególatra y hasta, cierto punto, tierna.

No soy muy bueno escribiendo de lo bueno, porque, generalmente, soy un amargado antitodo que le busca hasta la doceava pata al gato con tal de mantener mi acibarado modo de pensar. No soy bueno escribiendo de la felicidad porque encuentro que, estando en mis lapsus tristes y oscuros, veo e interpreto mejor el mundo.

¿Qué le pasó a mis entradas diarias al blog? Murieron porque no tengo rabia. Y toda la culpa es tuya, que me tienes feliz desde hace ya 2 años y algo (sí, señor lector, más de 2 años... saque cuentas y tráteme de poco hombre).

Me he convertido en un ser feliz, que se contenta con estar al lado tuyo y cerrar los ojos. Me he convertido en un ser sensitivo, que anda descalzo en el pasto (y se sorprende de los estímulos). Creo, incluso, que hasta me he vuelto más social (nota aparte: en estos momentos uno de mis gatos lame vigorosamente mis mejillas; vaya manía). Entonces ¿Por qué no escribo sobre ti? Porque no tengo esa nube negra que movía mis dedos y hacía funcionar mi cerebro. ¿Por qué? Por el mismo motivo que te repito día a día: te amo.

PD: en todo este rato, Dez, mi gato, no ha paro de saltarme encima y empezar a lamerme y morderme los dedos.

Maldita primavera

| martes, 26 de octubre de 2010 | 0 comentarios |
Nunca en mi vida he podido disfrutar esta época del año como sale en las películas, corriendo por praderas llenas de flores con la mano de mi enamorada. Nunca he podido echarme en el pasto de una plaza sin que me llene de ronchas. El colmo de todo esto que es mi hipersensibilidad histamínica me tiene en cama en este preciso momento, con fiebre y los mocos hasta la rodilla, sin poder ayudar de forma competente a mis compañeros.

Sí, cada día deseo ser como el común de la gente, pero igual tiene ventajas ser "edición limitada"